Límite, el libro escrito por Serge Latouche nos enseña y nos
explica el tipo de límites que pueden haber: políticos, ecológicos, geográficos,
culturales, económicos… todo limite , toda norma es arbitraria y que las
fronteras son siempre inciertas. La condición humana está acotada por límites.
Los límites ecológicos son ahora, en la actualidad, aquellos
en el que el Hombre se encuentra confrontado. El planeta tiene tiene una
superficie limitada, si los hombres la reservamos de recursos naturales no son
inagotables, no es la naturaleza, para hablar de propiedad, la que revela
limites, sino nuestra capacidad para explorar la infinitud del cosmos. Los límites
del planeta se hacen evidentes por el crecimiento económico, y a la vez se
definen por el volumen de las reservas de recursos naturales no renovables que
están a disposición y por la velocidad de regeneración de la biosfera a través
de recursos comunes. Estos bienes, no pertenecen a nadie, cada uno puede gozar
de ellos de los límites de las reglas de uso de la comunidad.
Los límites de nuestra capacidad de conocer marcan, como si
de alguna manera fueran balizas, estos límites no están solamente ligados a los
límites del espacio humano y del hombre mismo, sino también a los límites de la
economía y de los ecosistemas. El rechazo a los límites del conocimiento se
vincula con el negacionismo de los limites ecológicos, con la religión del
crecimiento y el sueño omnipotencia. Los límites del conocimiento, plantean la
cuestión de los límites de la ciencia, pero también los límites de la técnica y
finalmente los límites de quien los produce el hombre mismo.
El límite geográfico define un territorio en el espacio, con
el que nos topamos en la aventura humana. Los seres vivos tenemos un límite
geográfico: las ciudades, los pueblos, los barrios… Los animales, también tienen
un límite geográfico (el hábitat): como las madrigueras, guaridas, nidos,
hormiguero, termitero…. Esta vivienda también constituye un ordenamiento
espacial. En los animales este territorio puede modificarse depende a las
variaciones del clima. En cambio los seres humanos podemos superar ciertas
condiciones de hábitat. Lo característico de la Modernidad ha sido, hacer
avanzar los limites en todos los ámbitos, también el geográfico. La aparición
del estado-nación, se define precisamente por la soberanía nacional, marca una
etapa importante en la evolución de la relación del hombre con el espacio. Lo
característico de la Modernidad ha sido, hacer avanzar los limites en todos los
ámbitos y también el en geográfico. La humanidad
no deja superar los límites de la ecúmene y de transgredir los horizontes de la
biosfera.
El límite político va ligado al límite geográfico, al
cultural. El triunfo a partir del s.XVIII europeo de la “sociedad de naciones”
nos ha hecho perder un poco de vista que el espacio político tiene una
inscripción espacial. Algunos limites han sido eliminados como el de las “tres
D”: la desintemediación financiera, la desegmentación de mercados y la
desregularización social. La democracia y los derechos humanos, que constituyen
la bases formales de un orden político estable y equitativo, en la ideología
del nuevo orden mundial no pueden funcionar en el vacio ni en condiciones de
miseria extrema. El individualismo de las sociedades modernas y la
globalización económica hacen volar en pedazos las antiguas agrupaciones
históricas. El reino de la guerra de todos contra todos destruye las
solidaridades funcionales del lazo social. Con la desaparición de las
distancias y la contracción de la duración, asistimos al advenimiento de una
“telucidad global”: es la dinámica del mercado, el triunfo de todo mercado que
el mundo engendra lo que ahora se llama globalización.
La cultura es el conjunto de valores que determinan las
fronteras de un grupo humano. Los límites culturales van en relación con los
límites políticos, geográficos y morales. Una cultura puede considerarse un
conjunto de prejuicios compartidos por sus miembros. Se considera que el
conjunto de creencias compartidas que ligan una colectividad dada incluso como
característica del fenómeno religioso. Ahora se sabe que la etimología
“religión” es falsa y que religión viene de religar. Los valores del grupo,
religiados así con la trascendencia, se vuelven limites inquebrantables.
Toda cultura es etnocentrica por naturaleza. Los integrantes
de una determinada cultura están convencidos de que sus valores son los mejores
y de que el de otra persona son malos. Cuando un grupo se vuelve dominante
debido a las vicisitudes de la historia, su cultura tiende a convertirse en
dominante y a imponerse al menos de forma parcial a los otros al integrarlos de
un modo más o menos fuerte. Cuando varias culturas están en contacto, la
aculturación puede ser reciproca y constituir a la vez un enriquecimiento mutuo
y una posible ampliación de la era cultural. El imperialismo cultural
occidental es una “invasión” que asfixia y destruye la cultura receptiva. El
librecambio cultural, es una injusticia perpetrada al resto del mundo por las
potencias económicas dominantes.
Los límites económicos tienen una relación con los límites
ecológicos. Si el ecosistema explota, es porque la economía del crecimiento se
funda en lo ilimitado. Sin embargo, es cada vez más, en el que sustentan el
sistema capitalista y la sociedad de consumo no habría podido expandirse si la
ciencia y la técnica no hubieran creado inauditos medios de explotación y la
destrucción de la naturaleza y no hubieran hecho entrever la posibilidad de una
potencia infinita. Vivimos en sociedades del crecimiento. Las sociedades del
crecimiento pueden definirse como una sociedad dominada por una economía de
crecimiento y que tiende dejarse absorber por ella, no se trata de crecer para
satisfacer las necesidades reconocidas, lo que sería algo bueno, sino de crecer
por crecer. Sin embargo, producir más implica necesariamente consumir más y
para eso es preciso crear nuevas necesidades al infinito. De esa manera, la
sociedad de consumo es la sociedad de crecimiento. El capital según Marx,
experimenta todo limite como una traba. Lo lógico de la acumulación del capital
es la ilimitación, el rechazo de cualquier limite al apresamiento del mundo por
la razón mercantil. El uso del dinero y del crédito, que permite empujar al
consumo a aquellos cuyos ingresos no son suficiente e invertir sin disponer del
capital necesario, es un poderoso “dictador” del crecimiento. La relación de
crédito, crea la obligación de devolver la deuda con interés y, por
consiguiente, de producir más de lo que se recibe. El reembolso con interés
introduce la necesidad del crecimiento asi como toda una serie de obligaciones
concomitantes.
Esta ilimitación del capitalismo y de la sociedad puede
llevar más que a su destrucción. La búsqueda indefinida del crecimiento se
revela frustante y contraproducente.
Los límites de nuestra capacidad de conocer, marcan los límites
de nuestra capacidad de hacer. La voluntad de conocer todo, de hacer todo
terminan con el rechazo de toda norma moral.
El problema de los límites es fundamentalmente un problema
ético. En todos los ámbitos, el límite resulta casi siempre de una norma
explicita o táctica, directa o indirecta, que se dan los colectivos humanos. En
el pensamiento griego, el límite va ligado al sentido de la mesura o a la prudencia,
lo ilimitado está en la desmesura. Rechazar cualquier límite, transgredir, se
ha convertido en el único ideal moral de una sobremordenidad en crisis.
La ilustración busca liberar al hombre de la sujeción a la
trascendencia, a la tradición y a la revelación, los garantes tutelares del
ancien régime. La persona emancipada no debía tener otras barreras a su
actividad que aquellas fundadas en la razón. Sin embargo, tanto en la política
como en la economía el límite natural se
presenta como inhallable. La artificialización del mundo, consecuencia la
ilimitación tecnocientífica, llega a comprometer la identidad de lo humano.
En el deseo insaciable de ser o aparentar más de lo que se
puede y debe ser: el más bello, el más fuerte, el más rico, el más renombrado,
el más poderoso…. Esos hombres que se inclinaban a lo ilimitado eran enviados
al ostracismo, excluidos de las ciudades. Las necesidades solo podían ser
satisfechas si eran limitadas y limitadas por algún poder moral legítimo. Los
hombres se inclinan hacia lo que se llamaba la "anomia", la pérdida de toda
regla. Las sociedades ya no quieren conocer ningún límite ni al enriquecimiento
material, ni las invenciones técnicas, ni la distorsion de todas las normes
morales heredadas. En definitiva es legítimo y valorizado solo el movimiento de
transgresión ininterrumpido que se convierte en su propio fin. Desde entonces
todo el mundo lo sabe o lo percibe bien, la cuestión central que se plantea a
la humanidad es saber si ella sabrá dominar su dominio. La finitud del planeta
nos hace oprime a limitarnos tanto en el plano ecológico como en el plano de
los conflictos. Los hombres no forman en verdad comunidad más que en la
proximidad y al percibir su diferencia con los demás. Las fronteras necesarias,
entre culturas, entre los pueblos, entre las economías, entre los hombres,
pueden ser desplazadas con el paso del tiempo por generaciones sucesivas que
habrían probado las imperfecciones y las injusticias de normas aprobadas de
forma arbitraria con sus ancestros. Como decía André Gorz que “el sentido
fundamental de una política ecosocial es restablecer la correlación entre menos
trabajo y menos consumo por una parte, más autonomía y más seguridad
existencial por otra, para cada uno y cada una. Una vida más libre, más
distendida y más rica.
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Opinión para el blog de Sergi Alemany